Metamorfosis #2

Une série littéraire « Métamorphoses », composée de courtes histoires créées par les élèves d’espagnol de Mme Vergez, Théophile-Gautier. 

Bajo el cielo oscuro de la última hora de la tarde de diciembre, algunos transeúntes paseaban por el pueblo. El árbol de Navidad, decorado con numerosas luces de colores rojas, amarillas y azules, iluminaba la plaza. La gente caminaba feliz, animada por las festividades próximas.
Cerca del árbol, Alex andaba rápidamente para encontrar a su esposa cuando se tropezó con Lucia que acababa de dejar caer su bolsa, esparciendo todos los regalos que había comprado para su familia. El hombre se disculpó y la ayudó a recoger los paquetes del suelo. Gabriel, el vendedora de la tienda de la que la chica había salido, se apresuró a acercarse y comenzó a ayudar también. Como por arte de magia, empezó a caer nieve sobre ellos. Cuando terminaron de llenar la bolsa, los extraños se despidieron y volvieron a sus vidas: el hombre a su mujer, la chica a su familia y la vendedora a su tienda. Curiosamente, nadie parecía darse cuenta de que nevaba.
Mientras Alex os observaba una antigua mansión, un escalofrío inusual recogerrío su cuerpo. Sus dedos se volvían blancos y rígidos y al frotarse los bracos, noto con horror que su piel se convertía en nieve compacta. Poco a poco, su cuerpo perdido forma humana y quedó transformado en un muñeco de nieve inmóvil.
Lucía, mientras fotografiaba un parque, fue tomada por un fuerte mareo y su piel comenzó a ponerse blanca y granulada, como si se volviera nieve. Incapaz de moverse y cada vez más pesada, su cuerpo adaptó la forma redondeada de un muñeco de nieve.
De regreso a su panadería, Gabriel sintió un calor extraño seguido de un frío intenso. Sus piernas parecían fusionarse con el suelo, y la nieve subió por su cuerpo hasta cubrirlo completamente. Rápidamente, se convertido en un muñeco de nieve, inmóvil y arraigado al suelo.
Al amanecer, tres muñecos de nieve aparecieran en calles distintas de la ciudad.
Aunque incapaces de moverse, una conexión misteriosa parecía unirlos, como si sus almas compartieran un destino y hielo y desconocido.
Se ven desdibujadas a los dejos una silueta de una mujer que toma la mano de un pequeño niño que avanza hacia ellos. Cuando llegan a su nivel, el niño señala con el dedo y dice eufórico: “ Mamá, quiero esta tarjeta de Navidad con los muñecos de nieve para enviar al abuelo y a la abuela!” y él coge la tarjeta.

  • Paola, Maïlys e Lou

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